Recordaron a Jesús Rosas Marcano en Margarita

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El pueblo neoespartano recordó al poeta y periodista Jesús Rosas Marcano en un acto especial al cumplirse 25 años de su partida.

(RCA – 07/05/2026) La vida y obra del poeta margariteño Jesús Rosas Marcano fueron recordadas con afecto y admiración por su pueblo, en un Tributo Humorístico Poético y Musical titulado: «¿Quién ha visto negro como yo?», que hace referencia a su canción Un negro como yo. El encuentro tuvo lugar en la Biblioteca Pública “Loreto Prieto Higuerey” de La Asunción, ciudad que lo vio nacer hace ya 96 años.

Con la presencia de poetas, cantores, periodistas y docentes, además de un nutrido grupo de niños, se llevaron adelante lecturas, declaraciones y diversas formas de expresión artística, incluyendo la elaboración de retratos del bardo mientras se sucedían las presentaciones musicales y literarias.

Al acto central asistieron los profesores Roberto Malaver e Ytalo Américo Silva, los poetas Juan José Prieto y Luis Miguel Patiño, así como el Ensamble Musical Bajo ‘e la matica y el artista plástico Jhonson Perdomo.

Video resumen publicado originalmente por el diario La Faena.

El evento es apenas el acto central entre los más de cien, similares a éste que se han programado para el mes de mayo, cuando se cumplen 25 años del fallecimiento del poeta asuntino. Tales encuentros tendrán lugar en escuelas del estado Nueva Esparta, así como en plazas y espacios públicos de dicha entidad.

La Carta de Lil Rodríguez

Entre las actividades que se llevaron a cabo en este encuentro destacó la lectura de cartas dedicadas a Rosas Marcano, enviadas por quienes tuvieran alguna razón para recordarle. En Radio Café Atlántico compartimos la carta que envió la colega Lil Rodríguez y fue leída en el evento.

«EL FORO DE LA SALSA

No tengo claro si fue en 1982 o en 1983. Tengo claro, eso sí, que Mario Villegas Poljak (me aclaró) era el secretario de Cultura de la Seccional Caracas del Colegio Nacional de Periodistas.

A Mario se le ocurrió la idea (genial) de convocar una conferencia colectiva acerca del mundo de la salsa, sobre todo en Caracas. Yo laboraba en el Diario de Caracas, y fui convocada por esa pasión al escribir defendiendo la historia de nuestra música, y de los cultores de nuestro Caribe.

Los convocados fueron muchos, desde Ángel Méndez hasta Diógenes Carrillo pasando por Luis Alfredo Gómez, Helena Salcedo, Desirée Santos Amaral, Víctor Súarez, Cándido Pérez, Johnny Villarroel (creo que hasta Humberto Márquez se coló por los palos), el invitado de honor que fue Héctor Mujica (quien venía de conversar con Daniel Santos) y además de eso demasiados músicos de la salsa en Caracas se dieron por convocados, Orlando Poleo entre ellos. No se iba a hacer una conferencia sin música. Mario Villegas fue previsivo porque encontró permisos por si el tumulto trancaba la calle frente a la sede del CNP.

Izq a der.: Rosas Marcano, Lil Rodríguez y Henry Martínez.

Yo llegué temprano y nerviosa. Era algo inédito para mí que me iba a Catia, a La Vega, a Petare, a escuchar a aquellos músicos emergentes que no pidieron permiso (como debe ser) para mostrar su propia salsa.

Apareció entonces el profesor Jesús Rosas Marcano. Un dios, un culto generalizado entre los presentes que fueron y siguieron siendo sus alumnos. Yo no lo había sido porque yo venía del Zulia, de LUZ*.

Llegó con su infaltable maletín y además una carpeta. Miraba todo con curiosidad y deleite, y algo en su mirada rastreaba y rastreaba. Fue así como se me acercó (entré en modo pánico) y me dijo: “Mija, necesito un favor” y le dije: “Dígame, Profesor Rosas”.

“Necesito que me indiques quién es Lil Rodríguez”. Quedé petrificada. “Soy yo misma, profesor”.

Me abrazó, me besó (siempre lo hizo) y me dijo: “Tenemos mucho de qué hablar”.

Aquella actividad convocada por Mario Villegas es algo que guardo con devoción en mi corazón. La espontaneidad, el cero restringir, la libertad para hablar y para bailar (porque se bailó y mucho) y sobre todo la legítima libertad de expresarnos en torno a una música que se seguía considerando “de negros y hasta bastardos”.

En mi caso personal más nunca nos separamos el profesor Rosas Marcano y yo. Iba al periódico, me buscaba y bajábamos a la rockola que quedaba en el bar al lado del periodico. Acoto que en Caracas al lado de cada periódico había un bar. La inolvidable Miyó Vestrini decía que eso era un “santo y seña”.

Con el Profesor Rosas Marcano íbamos a los teatros y él, como Rubén Monasterios, llevaba su carterita, y al final no le importaban las escaleras del Municipal o las puertas del teatro Nacional. “Descubrí algo de Toña la negra” y yo me sentaba con él, feliz, con mis tacones y en vestido a tomar ron junto a él. Y en esas escalinatas de Caracas nos podía llegar la madrugada.

Me enseñó mucho acerca de su pasión periodística infantil. (Ventana Mágica y Glogló después). Me aportó conocimientos a granel y en algún momento, cuando el egoísmo nos apartó me dedicó varias columnas en su espacio en el periódico.

Nadie me dijo cómo llorarlo porque yo también soy oriental. Lloré a golpe de malagueña. Lloré a golpe de fulía, soportándome (solita) en María Rodríguez, Jesús Ávila, Chelías Villarroel y Hernán Marín.

Jesús Rosas Marcano siempre me vigila, siempre me aconseja. Como en los cuentos de espantos y aparecidos, me corrige, me alienta y como siempre me dijo, me sigue diciendo: “No desmayes, negrita«


Lil Rodríguez Serrano
CI V 3.724879
CNP 5.312
7 de mayo de 2026


*Nota del editor: LUZ son las siglas de La Universidad del Zulia.

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