Este domingo falleció el legendario vocalista salsero Sammy Marrero, intérprete de temas como La Cuna Blanca, El Buen Pastor y Jíbaro soy, éxitos forjados con la Orquesta La Selecta, de Ralphy Leavitt. En sus últimos años fue víctima de aquellos a quienes dio de comer.
Eduardo Parra Istúriz
(RCA – 18/05/2026) Este domingo despertamos con la noticia fatal: se había ido Sammy Marrero, con 84 años y mucha historia musical a cuestas. La noticia corrió rápidamente tras el comunicado de su hija Jennisa Marrero Morales en redes sociales, quien expresó en él enorme pesar por la muerte de su padre.
“Con profundo dolor, como familia, queremos informar el fallecimiento de nuestro querido Sammy Marrero hoy, a sus 84 años. Papi fue mucho más que un gran cantante y una voz querida por el público; fue un ser humano excepcional, un padre amoroso, abuelo, familiar y amigo inolvidable. Su pasión por la música y el cariño que siempre recibió de su gente fueron parte fundamental de su vida”

Samuel Marrero González, Sammy, había nacido en Coamo, Puerto Rico, el 12 de febrero de 1942 y desde muy joven mostró aptitudes musicales. En septiembre de 1970 se unió a Ralphy Leavitt para darle vida a la propuesta musical en la que militaría durante 44 años: la Orquesta La Selecta. Aunque se dice rápido, son poquísimas las agrupaciones que pueden contar con una historia tan larga, y mucho menos con el mismo cantante.
La relación entre Sammy Marrero y Leavitt era de armonía absoluta, eran grandes amigos; más que amigos, fueron compadres, y construyeron juntos un legado musical en el que Leavitt planteaba: “Son mis composiciones para el pueblo (…) Sammy será siempre mi ruiseñor” y Marrero se encargaba de llevarlas a su gente, con su voz de pueblo. La Selecta era una orquesta comprometida con la realidad social de Puerto Rico y el resto del Caribe, buscando despertar conciencia alrededor de sus problemáticas.
Cuando la muerte no es lo peor
En agosto de 2015, Leavitt debió someterse a una cirugía de cadera y sobrevino la desgracia, dado que el director musical falleció durante la intervención, enlutando al mundo salsero y dejando en una situación complicada a sus músicos, quienes dependían como es comprensible, de dar continuidad a su labor para sostenerse económicamente.
La orquesta se reorganizó y siguió trabajando hasta que en enero de 2016 los herederos de Leavitt anunciaron unilateralmente la disolución de la orquesta. Esto es, se produjo el despido automático de los músicos; entre ellos Sammy.
Buscando recuperarse, los artistas se reorganizaron bajo el nombre Sammy Marrero y su Orquesta, y siguieron cantando los temas de siempre. Pero entonces los herederos de Leavitt -insistimos, gente que vivió durante cuatro décadas gracias al trabajo de estos músicos- demandaron a Sammy Marrero por violaciones de Derechos de Autor, exigiendo 3 mil dólares por cada presentación hecha en Puerto Rico.
No escaparon a la demanda los que osaron contratar la orquesta; entre ellos varios municipios y centros culturales. Más adelante, ampliaron la demanda para incluir no sólo a los músicos, sino también ¡a las esposas de los músicos! de Sammy Marrero y su Orquesta. Por si quedaba alguna piedra sin remover, retiraron de Ascap (agencia que maneja DDA en Estados Unidos) el repertorio de Leavitt, lo que equivale a prohibir su interpretación.
Comenzó una diatriba legal que duró cuatro años, mientras que Puerto Rico -el Caribe entero en realidad- repudiaba la actitud de la viuda y los hijos de Leavitt en la medida en que se entendía el alcance de la medida. ¿De que iba a vivir un cantante de 74 años si le prohibías cantar los temas que lo hicieron famoso durante toda su carrera? ¿Qué clase de desagradecido le hace eso a quien trabajó durante 44 años hombro a hombro con tu esposo o tu padre? Habían demandado a su padrino, a su compadre.
Final sin justicia pero con amor
Durante esos años de ignominia, los músicos tuvieron rutas de escape, porque podían tocar en otras orquestas; pero Sammy era el rostro de La Selecta y el mundo entero lo conocía por un repertorio construido durante décadas, que ahora no podía interpretar en público. Era su trabajo de toda la vida, pero en octubre de 2016, lanzó con su orquesta el tema Si me caigo me levanto.
Finalmente, Sammy Marrero y los músicos decidieron llegar a un acuerdo con la sucesión de Leavitt para finalizar la demanda y poder seguir su camino en paz. De una demanda que llegó a más de un millón de dólares más costos de abogados, la sucesión debió conformarse con 50 mil dólares que se pagaron gracias a los aportes de miles de ciudadanos del Caribe que aportaron de su bolsillo para ayudar al veterano cantante. Sin embargo, esas canciones inmortales siguieron afuera del sistema estadounidense.
La buena noticia es que, dado que la ley no tiene alcance afuera de ese país, Marrero sí pudo presentarse en el resto de Latinoamérica con sus canciones de siempre: La cuna blanca, Jíbaro soy, Amor y paz, Difícil de olvidar y El Buen Pastor. Tristemente, no podía cantarlas en su propia tierra, en donde más público tenía.
Ayer domingo falleció Sammy Marrero y el mundo lo recuerda con amor; las muestras de cariño llegaron inmediatamente desde todas partes. La familia de Ralphy Leavitt, en cambio, ha manchado su apellido, y ya jamás podrán limpiarlo.





