
La gaita zuliana se ha asociado desde hace muchos años con la temporada de fin de año. Es por excelencia, la música que predomina para comenzar a desempolvar el arbolito, el pesebre y los adornos navideños. Es comenzar a hacer el guiso suculento de las carnes y a planificar el día para el primer pruebe de la manufactura de las hallacas del año. Y también, en ese ritual de familia, sentados en la mesa y cada cual con su función, vuelven a escucharse las gaitas viejas y las del año en curso.
En todo ese festín de la alegría, hay una infaltable y que tiene ya 50 años de haberla creado, y, como dice su compositor: “La que encendió el pasto seco de la gaita en Venezuela”. Esa gaita es Orinoco.
Rafael Rodríguez cuenta en su libro “El tiempo de oro de la Gaita, Yo lo viví” que la inspiración para Orinoco le llegó de manera espontánea: «Sentado bajo una mata de mango en el patio de mi casa, con el cuatro en ristre, estaba navegando en temáticas cuando de pronto, y sin saber por qué, se dibujó en mi mente el Río Orinoco. Era una gaita tradicional. Lo que aterrizó primero fue el estribillo… La completé en unos diez minutos, y fue una de muchas otras gaitas nuevas, entre ellas Maracaibo Diamantina.» El estribillo inicial fue:
«Pasa la noche serpenteando el Orinoco
moviendo el lomo plateado
entre el paisaje más hermoso
con chapotear de pescadores de tortugas
se mueve por la espesura
el animal más sigiloso.»
Posteriormente, durante una gira en Panamá con Los Cardenales del Éxito, recibió la sugerencia de agregarle un «mambito» en el estribillo para darle más fuerza, lo que enriqueció la composición: «No muy convencido, esa noche, al regresar al hotel en Panamá, decidí aceptar la sugerencia y le agregué la parte: ‘Orinoco, río hermoso, Venezuela en ti palpita, en ti respira como un órgano vital…’
El destino así lo quiso
Pero la historia de esta gaita es más curiosa, porque, aunque Rafael Rodríguez era para ese año de 1976, integrante de Los Cardenales del Éxito, la directiva del grupo no mostró mucho interés en la gaita Orinoco, considerándola poco comercial. Lo primero que mostraron fue su escepticismo. “¿Una gaita para un río?…Vós tás loco, mijo…” Y es que la gaita de ese tiempo se refería a las estampas y tradiciones zulianas con historias propias de la región, las cuales podían ser de costumbres, personajes, humor, religiosas y de protesta política, como es el caso de La Grey Zuliana y Maracaibo Marginada.
Lo segundo es que nadie la quería cantar. En ese momento, Pablo Grey formaba parte de Cardenales y cuenta él mismo Grey que Astolfo Romero le pidió que la ensayara para ver qué tal. Lo cierto es que Pablo Grey también estaba de salida de ese grupo para formar filas en Rincón Morales, otra emblemática agrupación gaitera que tenía igual fama que Cardenales.
El Orinoco también fue parteaguas
Finalmente, fue grabada por el conjunto Rincón Morales, con la voz de Pablo Grey, y de inmediato se convirtió en una de las gaitas más emblemáticas y reconocidas del repertorio venezolano, a tal punto que ha sido versionada por muchos grupos y en géneros distintos al original, como en el caso de la salsa, con exponentes como Oscar D’León y Willy Chirino. Si eso no basta, esta gaita ahora es interpretada por estudiantes y músicos japoneses; como prueba, esa curiosidad puede buscarse en las redes sociales.
Orinoco es una gaita atemporal. Lo que al principio se vio como una ambigüedad y fuera de lo común por ser una composición que desafiaba las estructuras originales y puristas del género, demostró que la gaita puede tener como argumento cualquier tema a la hora de componer. Eso la hace más trascendente, sin duda, y, por otro lado, más universal al desmarcarse del costumbrismo y la localidad. Una ruptura conceptual que expandió los horizontes creativos y una genialidad que hoy resuena con la misma frescura de su debut. El Negro Rodríguez lo entendió en un momento luminoso de su vida y en la actualidad está en las estepas argentinas cantando como en el primer día, su amor por la naturaleza, la amistad, la vida y al grandioso Orinoco.





