
Era de una humanidad que deslumbraba. No hacía alarde alguno ni de sus méritos ni de sus aportes. Amigo de los amigos y amigo de los no amigos también. No había cabida en su ser ni para el egoísmo ni para la envidia, e increíblemente jamás reclamó nada para él aunque todos sabíamos que había sido el gran rescatador de Celia Cruz en México para su ópera prima ( y de la salsa) Hommy.
No fue Johnny Pacheco, no señor. Jamás se puso como Celia a hablar pestes de Cuba, porque fue a esa isla a la que fue a estudiar para no parecerse a los oportunistas de la salsa (historia que no termina de escribirse) ni a los que vivieron a costa de Arsenio Rodríguez, de Chapottin, de Cuní, de Lilí y hasta del repertorio del Benny.
Larry fue el gran descubridor de Ismael Miranda y el gran creador de Señor Sereno, Abran Paso y La Cartera. Y aunque eran temas de salsa el que sepa leer esas letras notará el contenido social aferrado a ellas.
Verlo acompañar, en éxtasis a la Orquesta Aragón en Caracas confirmó su inclaudicable autenticidad.
Larry Harlow fue un tipo decente. Muy decente, humilde y justo.
Todo el que en Venezuela le haya conocido sabe que no estamos jalando bolas a un fallecido. Partió hace cinco años el 20 de agosto de 2021. No habrá manera de olvidarlo porque fue vanguardista, auténtico, creador total y leal a sí mismo, algo que ahora escasea mucho.
No te has ido, para nada, Larry.
@lildelvalle





