
Casa llena. El muy cálido espacio del Centro Cultural Chacao reventaba y no de nostalgia. Era devoción, era una alegría pura que salía de cada comentario antes de comenzar las acciones. Había de todas las edades y condiciones. Parecía una cita de amor que había estado postergada.
Casa llena para un concierto anunciado como “Íntimo” que de íntimo no tuvo nada. El jacarandoso grupo de la parte de atrás de la platea parecía tener megáfonos ocultos: “Ilan, un saludo para los de la parte de atrás” y soltaban más fuerte si Ilan Chester saludaba a los que estaban en los balcones abarrotados. Una delicia.
Otro era el coro que no descansó desde el inicio hasta el mismo final. No se cantó en el intermedio porque era como demasiado.
Cada tema entonado por ese multitudinario coro le mostraba a Ilan las ventanas que tienen paisajes de gratitud. Una gratitud tierna, limpia, con memoria, con sonrisa, con la estructura construida desde los difíciles inicios, desde la decisión soberana de ser venezolano a tres tablas, hasta esas pasantías por un mundo que le fue afincando música, experimentaciones y un sentido indómito en ese piano inconfundible que la noche de este jueves 28 de mayo vibró de reencuentros y muchas complicidades.
Melao para Ilan, desde aquél de 1981 (Quiero verte otra vez) hasta aquellas Canciones de todos los días de 1983 que siguen siendo eso mismo.
Sonido impecable, sistema de luces a la altura de Júpiter, personal del recinto y del equipo de Ilan atendiendo con todo el afecto. Expresamos las gracias a José Luis Ventura, artífice del evento y mediador en detalles.
Al final el guaro que conocía el origen del tema A pasarla bien, generado en Barquisimeto, en la calle de la 16, dijo: “Ilan no te nos pierdas tanto. Sales por ahí y te pierdes”. Y el inmenso Chester le respondió: «Al revés. Me encuentro”.
Para siempre.
@lildelvalle





