
Violeta (Parra) sería la gran inspiración para un movimiento que vio la luz a fines de los años ‘60: La Nueva Canción Chilena, que buscaba reflejar plenamente la crítica social y el anticapitalismo.
Antecedentes
Los primeros antecedentes los podemos encontrar en las canciones de antiguos trovadores medievales, verdaderos cronistas de su época que aunaban poesía y música. Pero yendo a nuestro país, sus raíces primigenias las encontramos en la obra imprescindible de Violeta Parra. Investigadora asidua del folklor, a partir de ello realizó sus primeras composiciones, siempre ofreciendo una mirada de la realidad social de nuestro país.
En 1953 graba Casamiento de negros y Qué pena siente el alma. Posteriormente, llegó a innovar de tal forma, que piezas como El Gavilán y sus “anticuecas” son admiradas aún hoy por la audacia en la composición y la expresión. Su trágica muerte en 1967 no detendría su enorme influencia en las posteriores generaciones. Violeta sería la gran inspiración para un movimiento que vio la luz a fines de los años ‘60: La Nueva Canción Chilena, que buscaba reflejar plenamente la crítica social y el anticapitalismo.
Los hijos de Violeta, Ángel e Isabel habían fundado en 1965 La Peña de los Parra, lugar donde confluyeron figuras señeras del movimiento, como Rolando Alarcón, Víctor Jara y Patricio Manns. Sin embargo, fue la creación de la Discoteca del Cantar Popular (DICAP) en 1968 y el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena en 1969 lo que llevaría a su consolidación.

Con el advenimiento del gobierno de la Unidad Popular, el movimiento se cuadra con éste, participando activamente. Es por ello que, una vez realizado el golpe de estado en septiembre de 1973 e instaurada la cruenta dictadura militar, los exponentes del movimiento fueron perseguidos a ultranza. Algunos como Isabel y Ángel Parra, Patricio Manns, Héctor Pavez, Osvaldo Rodríguez, Julio Numhauser, Sergio Ortega y los grupos Quilapayún e Inti Illimani tuvieron que padecer el exilio. Otros se quedaron en Chile, algunos después de haber pasado por los centros de detención: Payo Grondona, Eduardo Yáñez, Congreso, Los Blops, Pedro Yáñez, Luis Advis, Richard Rojas, Nano Acevedo. El que corrió peor suerte fue el recordado Víctor Jara: torturado durante horas, le realizaron quemaduras con cigarrillo, le rompieron los dedos, le cortaron la lengua y lo sometieron a simulacros de fusilamiento, para posteriormente ser asesinado. Su cuerpo fue hallado con 44 impactos de bala.
Nuevas voces
En medio de tal horror, las nuevas autoridades miraban con recelo toda expresión de la canción que buscase una crítica social. Y no sólo eso. Instrumentos como el charango y la quena fueron prohibidos, pues se les asociaba con la Nueva Canción. Sin embargo, poco a poco fueron surgiendo grupos que se centraron en mostrar el folklore andino más puro, con textos festivos y simples que lograron pasar la censura de Pinochet, como Kollahuara, Guamary, Yahuarcoya, Tacora, Wampara, Curacas, Kamac Pacha, Inti y Tambo. Entre estos, el más connotado era Illapu, que había comenzado ya en la época de la Nueva Canción Chilena. Posteriormente, el 7 de octubre de 1981, en su vuelta a Chile de una gira por Europa y Estados Unidos, un decreto les impidió pasar de la losa del Aeropuerto Pudahuel, y fueron forzados al exilio. Paralelamente a esta explosión del folclore andino, ya en octubre de 1973 surge el grupo Barroco Andino, que pudo seguir utilizando los instrumentos andinos bajo la premisa de interpretar con ellos a compositores de la música universal, como Bach, Handel y Vivaldi, además de canciones de The Beatles.
Por otro lado, algunos cantautores que de alguna forma buscaban una canción con contenido, aunque de forma muy soterrada, brillaban en la TV y los festivales: Fernando Ubiergo y Florcita Motuda, que nunca pertenecieron al Canto Nuevo. A pesar de todo, algunas canciones de Ubiergo sufrieron la censura de la época. Posteriormente, en estas mismas lides jugarían Oscar Andrade y Gervasio. Fuera de todo esto, pululaban todos los cantantes y compositores adictos al régimen. También seguían en actividad representantes del folklore que de una u otra forma tuvieron vínculos con el Canto Nuevo: Negro Medel, Arak Pacha, Manka Saya, Jorge Yáñez, Palomar, Millaray, Villa San Bernardo, Chilhué y Paillal, entre muchos otros.
En contraste a todo esto, el Canto Nuevo, si bien podía en algunos casos tener una raíz folklórica, representaba una propuesta más urbana, más ligada a la canción trovadoresca (con referentes como Joan Manuel Serrat y Silvio Rodríguez) en algunos casos, con tintes de jazz en otros, e incluso de la música docta, el folk y el pop.
Peñas y encuentros
Las peñas, que ya en los ‘60 habían logrado un sitial importante, luego del golpe, poco a poco y lidiando con el temor a la dura represión, se transformaron en uno de los bastiones más importantes de la lucha cultural. La primera fue Doña Javiera del cantautor Nano Acevedo inaugurada en 1975. Posteriormente, se crearían La Fragua, El yugo, La Parra, La peña de Nano Parra y otras. Las peñas serían reemplazadas después por otros lugares de encuentro cultural, que de alguna forma mantendrían la esencia de éstas: Café Ulm, La Casona de San Isidro, Bar El jardín, La Casa del Cantor, la Casa Kamarundi, El Rincón de Azócar y El Café del Cerro.
También serían de suma importancia los encuentros universitarios y las actividades parroquiales.
Sellos, programas y revistas
Así como la Nueva Canción Chilena tuvo al sello DICAP, el Canto Nuevo tuvo al sello Alerce. Fundado en 1975 por el ya legendario locutor Ricardo García, fue él precisamente el que acuñó el término de Canto Nuevo para el nuevo movimiento que se estaba gestando. Organizador incansable de actividades como el Festival del Canto Nuevo y La gran noche del folklore. Por otro lado, el programa radial Nuestro Canto de Miguel Davagnino fue un gran difusor de estos nuevos exponentes de la canción.

Por último, es necesario mencionar el aporte de la revista La Bicicleta. Con Eduardo Yentzen como director responsable, además de Any Rivera y Álvaro Godoy como parte del equipo de redacción. Esta revista abordó todo lo que iba sucediendo con el movimiento, a la vez que Godoy constantemente confeccionaba la sección del cancionero, sacando los acordes de las canciones que el Canto Nuevo iba aportando a la música de nuestro país.
Nota importante: texto publicado originalmente en la Revista Occidente, de Chile.





