Salsa Secuestrada

¡Cuéntale a los demás!

No conocemos en el continente a presidentes tan bailadores como Hugo Chávez y Nicolás Maduro, pero el presidente Chávez no bailaba salsa. Bailaba joropo como se lo pusieran y lo cantaba cada vez que la oportunidad se presentaba. Eso hablaba mucho de su pertenencia llanera.

El presidente Nicolás Maduro es muy urbano, nacido y criado en el fragor de la ciudad capital venezolana en tiempos de la pachanga (y de la guerrilla) antes de que la salsa ocupara los importantes espacios que más nunca abandonó para molestia de la rancia burguesía que la tildaba de cosa de barrio y negros, para terminar bailándola de forma arrebatada. Aquello de que “La gente vive en el este” fue cayendo estrepitosamente en la medida en que se fue develando que una “cultura prestada” y para nada caribeña trataba de imponerse por medio de la mediática y la alienación. Esa lucha persiste.

El gobierno de EEUU ha secuestrado no solo al presidente de los venezolanos y a su esposa, sino que ha secuestrado a la salsa por lo que de ella está representado en un gobernante leal a sus raíces y apoyador a lo grande de todas las manifestaciones de nuestra diversidad cultural, que no es poca.

Como venezolana, revolucionaria y salsera alzo la voz contra los depredadores de pueblos soberanos, convocando a los músicos y sobre todo a los salseros a elevar el tono con Indestructible, Pa’ Bravo yo, Barrio, Compañeros invocando también en pleno al Panteón de los Yoruba pidiendo a Obatalá salud para la pareja presidencial, a Oggun, mucha fuerza y justicia para ellos, a Oyá que lo aleje de sus puertas y a Shangó que no les desampare la alegría ni la certeza.

Ah, en Venezuela tenemos también a María Lionza (sin los arreboles comerciales de Blades) y también la Macumba Brava de Conny Méndez.

Presidente Maduro: ¡Fuerza, de la Indestructible !
¡Mucho Aché!

@lildelvalle

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