
Ella apareció de Rojo. Rojo espectacular por lo sencillo. Ese Rojo contrastaba totalmente con el verde militar y con los grises de la oficialidad civil. Ella estaba de Rojo y nuestro país entendió enseguida de qué iba la cosa.
A veces extrapolar es un recurso pertinente.
Claro que recordamos por asociación aquella película de 1984, La Chica de Rojo que se hizo inmensa por su música. Stevie Wonder esa vez obtuvo un Oscar por su tema Te llamé para decirte que te amo (I just call to say I love you) y jamás se olvidará que levantó sonriente la estatuilla para dedicársela a Nelson Mandela, sacudiendo los cimientos de la mediática y de la política mundiales.
Bueno, en Venezuela tenemos a nuestra Chica de Rojo, hermosa e inteligente como pocas, con una mano izquierda que ya quisieran muchos. Esa presidenta de Rojo, que ese fue el color que usó para asumir la Jefatura de la Fuerza Armada Nacional no declina, porque lo lleva en su ADN, en la gracia larense.
Su inolvidable padre, mártir Jorge Rodríguez, nació en Carora y a los 20 años estaba casado con su amor Delcy Gómez, larense también, y sus hijos nacieron en Lara. Es un orgullo que tengamos a una presidenta que no pidió nada, pero a la que la vida fue preparando (como a Chávez y Maduro) para asumir la responsabilidad heredada de sus padres. ¿No la recuerdan enfrentando a ese pobre ser que es Mauricio Macri? ¿No la recuerdan señalando las ventanas si no podía entrar por la puerta?
El presidente Maduro supo muy bien a quien estaba designando como vicepresidenta ejecutiva en junio de 2018. Un Deja Vu de lo que le pasó a él cuando el Comandante lo designó vicepresidente en 2012.
Y acá estamos, en paz, un pelo ahogados por el BCV y su extraña política cambiaria, pero con mucha esperanza.
No se claudica ante la adversidad si se tiene conciencia del propio valor, y Venezuela sabe perfectamente del suyo.
@lildelvalle





