Sin Baranda

¡Cuéntale a los demás!

Les esperé frente al entonces Ateneo de Caracas. Llegó el pabellón pero nunca llegó la baranda y esa baranda era nada menos que el cuatrista. Ya sabemos cuán difícil es estructurar un grupo de música tradicional sin el cuatro…

Uno de los asistentes deslizó la frase: “Parece que ya no le hacemos falta”. Ya había despegado mediáticamente e iniciaba su camino solista, de forma artera, sin avisar.

A partir de ahí el grupo pasó a llamarse Pabellón sin Baranda, porque la baranda era él, ese que ahora se burla de lo que fue su país, de los esfuerzos que hacemos todos para sacarlo adelante, más allá de los límites impuestos por los depredadores de conciencia y recursos.

¿De qué le sirve a un músico ser buen instrumentista o vocalista si el gentilicio fue pisoteado por él mismo? Casos hay varios, unos cuantos, y hay casos de otros que “rectificaron” a tiempo, que los tenemos registrados, pero replegaron las velas tal vez porque las ganancias (no la conciencia patria) eran sustanciosas.

Por ese extraordinario grupo que tenía como nombre Pabellón con Baranda, pero ante la fuga del cuatrista terminó siendo sin baranda, desfilan nombres realmente importantes para la música popular y de tradición de nuestro país. El querido margariteño que es Pedro Vásquez, cellista y fundador, además de excelente compositor y apasionado defensor de la venezolanía, el no menos entrañable Javier Montilla, flautista con galardones sólidos y muy bien ganados, y Orlando Cardozo, cuatrista y mandolinista, quien sustituyó a un pollo que ya no está frito sino tan chamuscao que se seca. El pollo frito se seca, se seca…

En estos momentos de la Patria se necesitan patriotas, no bufones que no tienen baranda para sostenerse.

Nuestro pabellón culinario es exquisito y nuestro pabellón bandera lo es más. No será un pica tierra el que le quite méritos.

@lildelvalle

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