
Desde las calles de Pedregal hasta las de Adícora, pasando, claro, por Taratara y Los Taques, todo su estado natal recorrió y miró Alí Primera.
De igual manera pasó con el poeta Guillermo de León Calles mirando hasta donde la vista se lo permitió pero sintiendo como nadie el palmo a palmo de un estado Falcón que pudo y supo describir en su poesía llena de ternura, amor, verdades e interrogatorio porque si alguien supo ser poeta y cronista al mismo tiempo sin faltar a su esencia, ese fue Guillermo Segundo, quien con su partida el pasado 1º de febrero abonó el camino de la gratitud de todo un pueblo y de la nostalgia de quienes tuvimos el inmenso privilegio de conocerle, de escucharle, de leerle y hasta de acompañarle en aquel rincón de Punto Fijo que tanto le gustaba: Las Turas.

Pasa con Guillermo lo que ya pasamos con Alí pues ambos han tenido la bienaventuranza de mostrar la Falconía ante el mundo, uno con el canto y el otro con el verso. Los dos recorrieron e indagaron. Con la partida de Guillermo de León Calles hemos perdido un inmenso poeta, muy difícil para sustituir. Su verso era muy limpio, sin rebuscamientos intelectuales de esos que hacen daño a la poesía misma.
Su verso era prístino, palpable, y en mucho salido de esa Falconía que ya había esbozado Alí:
“Pareciera que es mentira
que el falconiano se olvida
que es legítimo heredero
de un libertario camino
que anduvo con rostro altivo
doña Josefa Camejo”.
Ojalá el Centro Nacional del Libro pueda editar si no toda, una parte de la obra escrita del poeta y cronista Guillermo de León Calles: La piedra no está hecha de piedra, El Canto a Bolívar, Cantos para arrullar abuelos y Memorias de Punto Fijo, entre otros de su vasta obra de amor.
Ese mar amarillo que le adjudicaba a Falcón hoy está teñido con el dolor de esta pérdida, inmensa e irreemplazable.
@lildelvalle





